viernes, 21 de noviembre de 2008

Los atisbos de los autores de Sci-Fi

En cierta ocasión, varias décadas atrás, el escritor inglés Arthur C. Clarke llegó a decir que han sido los autores de ciencia ficción como él quienes han proporcionado las ideas generales de la tecnología del siglo XX, salvo los microchips. El caso del propio Clarke es aleccionador. En 1948 escribio un artículo de prospectiva científica en el que describía cómo podrían colocarse en órbitas geoestacionarias satélites que pudieran ser utilizados eficazmente como transmisores de comunicaciones, diez años antes de que el primer satélite fuese lanzado. Predicción exacta hasta el punto de que el autor se arrepiente de no tener patentado dicho artilugio espacial.

Todavía, Clarke tuvo otro atisbo de videncia cuando en Preludio al Espacio (1951) describió con bastante precisión una nave que en 1978 podria realizar misiones espaciales y tomar tierra como si fuera un avión. En esa misma década, la NASA puso en marcha el programa de transbordadores espaciales, el ambicioso Space Shuttle.

¿Ideas tomadas de la ciencia ficción?
El escritor de ciencia ficción es un pionero, un visionario que abre camino a nuevas ideas. “Este género literario no es más que la exploración del futuro utilizando las herramientas de la ciencia. Desafortunadamente, la ciencia ficción adquirió una pésima reputación debido a una mala ficción y a una ciencia aun peor”, dice el físico de la Universidad de Princenton, Freeman Dyson, uno de los científicos más visionarios y apasionado lector de ciencia ficción.

Sin embargo, cuando la base científica de una novela es sólida, parece inevitable que se produzca la predicción. En este sentido, los ejemplos más famosos los encontramos varios siglos atrás. Citemos el caso del ruso Tsiolkovsky, pionero en investigación espacial y en desarrollo de los túneles de viento para estudios aerodinámicos. En Kaluga donde vivio sus últimos años, escribió Filosofía Cósmica, soñando sobre el futuro distante de la humanidad, incluyendo la conquista eventual del espacio y de nuestro sistema solar. hablaba en su obra Más allá del planeta Tierra (1920) de bases geoestacionarias y especificaba muchos de los problemas que más tarde encontraría la cosmonáutica soviética.

El propio ingeniero espacial Von Braun no tuvo reparos en afirmar que, para el diseño de los cohetes de las tres fases utilizados habitualmente en la conquista espacial, se inspiró ni más ni menos que en Viaje en la Luna, de Cyrano de Bergerac, escrita en 1633: “…el cohete está formado por varias etapas, que se queman sucesivamente hasta situar en órbita la cápsula tripulada”. En esta obra, el escritor francés también describe la gravedad cincuenta años antes que Newton, y la radio dos siglos antes que Marconi.

No sorprende menos el caso de Jonathan Swift, autor de Viajes de Gulliver (1726), donde describe con increíble precisión los satélites de Marte, Fobos y Deimos, 150 años antes de que los descubriera el astrónomo Asaph Hall. Asimismo, en la aventura que transcurre en el país de los liliputienses, estos hacen un cálculo matemático para alimentar al gigantón Gulliver. Los enanos establecen de forma racional que la cantidad de alimento requerida por un animal es proporcional a tres cuartos del peso de su cuerpo. Como dice el escritor de ciencia ficción Frederick Pohl, “es una buena ley, ¡sólo que no se describió hasta 1932!

Las predicciones de la literatura fantacientifica son mucho más amplias de lo que comúnmente se piensa. Basta tan sólo con aplicar la conocida ley del reloj roto; hasta un reloj estropeado marca la hora exacta dos veces al día. Así, los aciertos en los pronósticos deben de ser mucho, aunque consecuentemente, los errores tienen que multiplicarse, al menos, por diez.
Dyson afirma que hay dos formas de predecir el progreso tecnológico, “una es por medio de las previsiones económicas; la otra, mediante la ciencia ficción. Para el futuro más allá de los diez años, la ciencia ficción es una guía más útil que las previsiones de los economistas.”

Entre el paraíso y la desolación
Por desgracia es poco el caso que se presta a la ciencia ficción, incluso sus enemigos la tachan de literatura de evasión. Si se la hubiera tenido en cuenta, Einstein, pongamos por caso, no habría afirmado en 1933 que la energía atómica carecía de valor práctico “porque siempre habrá que aportar a la reacción más energía de la que pueda producir esta”.

En esa misma época, escritores como Campbell, Heinlein o Lesten del Rey, apoyándose en breves artículos de divulgación, hablaban en sus relatos de reacciones nucleares para matar, para extraer energía e incluso sopesaban los posibles riesgos y las fuentes energéticas alternativas.
Es más, en 1944, Cleve Cartmill escribió una historia que describiría algunos detalles técnicos de la bomba atómica con tal precisión, que el gobierno pensó que se habían filtrado secretos del Proyecto Manhattan. Pero Cartmill tan solo se había documentado en ciertos artículos científicos anteriores a la guerra.

¿Es realmente escapista esta literatura? En los años cuarenta del siglo pasado, la ciencia ficción hablaba de superpoblación cuando los tecnócratas tan solo pensaban en el crecimiento indiscriminado. ¿Es esto escapismo? Robert A. Heinlein, en Solución insatisfactoria (1941), proponía un proyecto para fabricar la bomba atómica, sus efectos devastadores, el final de la guerra y más sorprendente aún, la situación de equilibrio de terror nuclear entre potencias que seguiría al holocausto.

El escritor de ciencia ficción nos muestra un mundo imposible, con la esperanza y tal vez el deseo de que se haga posible, particularmente al tratarse sobre el avance de la sociedad y evolución del ser humano, no generalizando con esto que son sus premisas al hacer ciencia ficción. Una vez lo dijo el escritor ingles Arthur C. Clarke “la única posibilidad de descubrir los limites de lo posible es aventurarse un tanto en el terreno de lo imposible”.

LITERATURA DE ESCRITORES VISIONARIOS
Anteriormente mencionábamos que los escritores de ciencia ficción observan las tendencias del mundo en general y como ejemplo las tecnológicas, que una vez captadas por ellos, llegan a imaginar desde todos los ángulos posibles sus aplicaciones aun no gestadas, y que luego la ciencia y tecnología cumplen sus predicciones.

Claro, no toda la ciencia ficción está relacionada con la ciencia. Buena parte de ella es fantasía disfrazada o historias de aventuras al estilo fronterizo que se desarrollan en escenarios nuevos y exóticos, como señala el editor Peter Nicholls.

Es cierto que siguen floreciendo las novelas baratas con ambientes espaciales y cibernéticos pero, afortunadamente, la ciencia ficción actual se ha hecho más seria, más adulta. Por ejemplo, el autor británico Ian Watson en su libro Empotrados analiza la importancia del lenguaje en el orden y creación de la realidad. En Cronopaisaje, Gregory Benford logra ejecutar un virtuoso ensayo sobre sociología de la ciencia, con la fantástica idea de enviar mensajes taquiónicos al pasado. Otra muestra es el último éxito editorial de Orson Scott Card, el otro juego de Ender, y su posterior saga. En su obra Scott analiza cómo debe ser el perfil psicológico de un líder de nuestra época. Por ultimo, la magnifica antiutopía del australiano George Turner, Las torres del olvido, examina las relaciones económicas y sus efectos en la organización social del siglo XXI.

Alvin Toffler, otro escritor no de ciencia ficción exactamente, sino de la ciencia de la prospectiva, llega a sorprender también sobre sus conclusiones y aventureras ideas relatadas en sus obras. Se le conoce como el ingeniero del futuro, el analista de los cambios sociales contemporáneos, filósofo del siglo XXI, el más prestigioso representante mundial de la nueva ciencia de la prospectiva. Nació en Nueva York el 4 de octubre de 1928, ha escritos obras muy importantes y sorprendentes como El shock dek futuro (1973), La tercera ola (1985), El cambio del poder (1991) y Las guerras del futuro, en colaboración con su inseparable esposa Heidi Toffler. Una de sus obras, representa una auténtica síntesis de la civilización del siglo XX ante el reto del tercer milenio. En ocasiones su reputación, le ha convertido en asesor en prospectiva de algunos líderes mundiales, desde Mijaíl Gorbachov y George Bush hasta Indira Gandhi y Zhao Ziyang.

LA CIENCIA FICCIÓN: VISIÓN DEL FUTURO
La buena ciencia ficción no dice qué ocurrirá mañana, sino que despliega todas las posibilidades sobre lo que puede acontecer y cómo ese futuro puede afectar a una persona normal.
Esa es la gran fuerza de esta literatura, que hace futurología aplicada o, como dicen otros críticos, prospectiva social. Y vaya que es una realidad, el que científicos y exploradores, han reconocido y avalado las obras de tales autores del género cuando se demuestran posteriormente los hechos relatados en la literatura de ciencia ficción. Así, el reconocimiento de los cambios introducidos en la vida de las personas por la ciencia y la tecnología ha contribuido a crear lo que Asimov llamó un mundo de ciencia ficción.

El fallecido Isaac Asimov decía: “el habito de mirar cuidadosamente hacia el futuro, la costumbre de aceptar el cambio e intentar ir más allá del simple hecho del cambio para ver sus efectos y los nuevos problemas que planteará, la costumbre de aceptar el cambio como algo más importante para el ser humano que las estériles verdades eternas, solo se encuentran en la ciencia-ficción, o en los serios análisis no literarios que hacen del futuro personas que, casi siempre, están o han estado interesadas en la ciencia ficción”.

Por: Avatar Gs21

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