martes, 31 de marzo de 2009

Salinger: Guardián y cazador

En esta fotografía realizada por Paul Adam, Salinger es sorprendido tras realizar algunas compras. El hecho de que su carácter sea tan huidizo a la luz de la prensa, provoca que sea un objetivo buscado. El genio del escritor no solo se centra en su habilidad narrativa, también esconde todo un rotundo carácter. Esta imagen es una de las pocas fotografías recientes que se tienen de él.

J. D. Salinger llega a los 90 con más de cuatro décadas de silencio literario

J. D. Salinger, uno de los escritores más influyentes de Estados Unidos, cumple 90 años sumido en la reclusión que eligió desde el comienzo de su carrera, y sin publicar un trabajo desde hace cuatro décadas. "Me gusta escribir. Amo escribir", dijo Salinger en 1974 en una de sus raras entrevistas con The New York Times. "Pero escribo sólo para mí mismo, y para mi placer".

Este desdén por la publicidad y la empecinada defensa de su vida privada, tan alejada del culto a la exhibición y la fama de la cultura actual, han rodeado a Salinger de un "misterio" que los medios han retratado en artículos ocasionales. Salinger tenía ya 32 años cuando debutó en 1951 con The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno), una historia de un adolescente rebelde y sus experiencias quijotescas en Nueva York, que encumbró al escritor a lo más alto de la escena literaria.

Su descripción de la alienación del protagonista, Holden Caufield, y la pérdida de inocencia de los adolescentes y su paso a la vida adulta, ha probado su perdurabilidad: aún ahora se venden cada año unos 250.000 ejemplares. La primera edición de la novela, que fue controvertida por la libertad con la que describía la sexualidad y la rebeldía adolesente, puede encontrarse en eBay a precios que superan los 1.300 dólares.

Salinger no ha publicado otro trabajo literario con su firma desde la novela Hapworth 16, 1924, que apareció en The New Yorker en junio de 1965. Y no ha concedido entrevistas desde 1980. El autor, hijo de un judío próspero importador de quesos kosher y de una escocesa-irlandesa convertida al judaísmo, creció en un apartamento de Park Avenue, en Manhattan, estudió durante tres años en la Academia Militar de Valley Forge y en 1939, poco antes de que lo enviara el Ejército a la guerra, tomó una clase sobre cuentos cortos en la Universidad de Columbia.

Divorcios y reclusión
Como soldado de infantería, Salinger participó en el desembarco aliado en Normandía, en 1944, y durante sus primeros meses en Europa se las arregló para escribir cuentos. De sus mayores, Salinger consideraba a Ernest Hemingway, a quien conoció en París, y a John Steinbeck como escritores de segunda categoría, pero expresó su admiración por Herman Melville. En 1945, Salinger se casó con una médico francesa de nombre Sylvia, de la cual se divorció. En 1955 se casó con Claire Douglas, unión que concluyó también en divorcio en 1967, cuando se acentuó la reclusión del escritor en su mundo privado y su interés en el budismo zen.

Las primeras historias cortas de Salinger se publicaron en revistas como Story, Saturday Evening Post, Esquire y The New Yorker en la década de 1940, y la primera novela The Catcher in the Rye se convirtió de inmediato en la selección del Club del Libro del Mes y le atrajo enorme elogio internacional. La fama envió a Salinger a la evasión de la atención pública, su reticencia a las entrevistas y su rechazo del escrutinio de su vida privada que se han mantenido hasta ahora.

Disputas sobre la biografía
En 1953 publicó una colección de cuentos cortos Nine Stories; en 1961 otra novela Franny and Zooey, y en 1963 una colección de novelas cortas Raise High the Roof Bean, Carpenters and Seymour: An introduction. Durante la década de 1980, el escritor estuvo envuelto en una prolongada batalla legal con el escritor Ian Hamilton quien, para la publicación de una biografía, usó abundante material epistolar de Salinger.

Una década después, la atención mediática que tanto rehuía volvió a posarse en el autor, debido a la publicación de dos libros de memorias escritos por dos personas allegadas a él: su ex amante Joyce Maynard y su hija Margaret Salinger.

Biografía
Jerome David Salinger (Nueva York, 1919), escritor
estadounidense conocido principalmente por su novela El
guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye),
que se convirtió en un clásico de la literatura moderna
estadounidense casi desde el mismo momento de su
publicación, producida en 1951. Las mentes ágiles y
poderosas de hombres perturbados y la capacidad redentora que los niños
tienen en las vidas de éstos es tema principal en las obras de Salinger.


Nació en Nueva York y comenzó su trayectoria literaria escribiendo relatos
para revistas de esa ciudad. Entre sus primeros trabajos destacan
especialmente Un día perfecto para el pez banana. Además, publicó dos
capítulos de lo que posteriormente sería El guardián entre el centeno
antes de verse obligado a abandonar los Estados Unidos para ir a la
Segunda Guerra Mundial: I'm Crazy y Slight Rebellion Off Madison.


Su trabajo se vio interrumpido por este conflicto, en el que pudo ser testigo
del combate en algunas de las batallas más violentas. Estos hechos le
dejaron una profunda huella emocional; posteriormente recurrió a sus
experiencias de los tiempos de guerra para algunos de sus relatos,
especialmente el ya mencionado Un día perfecto para el pez banana,
sobre un ex soldado suicida, y también Para Esmé, con amor y sordidez,
narrado por un soldado traumatizado.


El guardián entre el centeno, su primera novela corta, fue publicada en
1951 y se hizo muy popular entre los críticos y jóvenes. La historia está
narrada en primera persona por Holden Caulfield, un adolescente rebelde e
inmaduro, pero de gran perspicacia.


Posteriormente Salinger publicó las colecciones de relatos Nueve cuentos
en 1953 (donde se incluyen los dos aludidos); Franny y Zooey, en 1961; y
Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una
introducción, publicados juntos en 1963, estos últimos protagonizados por
la disfuncional familia Glass.


Después de haber obtenido la fama y la notoriedad con El guardián entre
el centeno, Salinger se convirtió en un eremita, apartándose del mundo
exterior y protegiendo al máximo su privacidad. Se mudó de Nueva York a
Cornish, New Hampshire, donde continuó escribiendo historias que nunca
publicó.


Salinger ha intentado por todos los medios escapar de la exposición al
público y de la atención del mismo ("Los sentimientos de anonimato y
oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que
le es concedida", declaró él mismo).


Pero sin embargo se ve obligado a luchar continuamente contra toda la
atención no deseada que recibe, como figura de culto que es. Cuando supo
de la intención del escritor británico Iam Hamilton de publicar J. D.
Salinger: A writing life, una biografía que incluía cartas que Salinger había
escrito a amigos y a otros escritores, Salinger interpuso una demanda para
detener la publicación del libro. El libro apareció finalmente con los
contenidos de las cartas parafraseados. El juez determinó que aunque es
posible que una persona sea el propietario de una carta físicamente, lo que
está escrito en ella pertenece al autor.


Uno de los resultados no intencionados de este juicio fue que muchos de los
detalles de la vida privada de Salinger, incluyendo el hecho de haber escrito
dos novelas y muchos relatos que no habían sido publicados, salieron a la
luz pública a través de las transcripciones del juzgado.


Salinger aparece como personaje en la novela Shoeless Joe de
W. P. Kinsella, en la que se inspiró la película Field of dreams.
En la película el personaje tiene el nombre cambiado y es
convertido en ficción. Ha estudiado a lo largo de toda su vida
el Hinduismo Advaita Vedanta. Este hecho ha sido descrito
extensamente por Sam P. Ranchean en su libro An adventure
in Vedanta: J. D. Salinger's the Glass Family (1990).


En 2000, su hija, Margaret Salinger, publicó El guardián de los sueños. En
su libro de “confesiones”, la señorita Salinger afirma que su padre se bebía
su propia orina, sufría glosolalia, rara vez tenía relaciones sexuales con su
madre, la tenía como una “prisionera virtual” y se negaba a permitirle ver a
sus parientes y amigos.


En 2002, se publicaron más de ochenta cartas a Salinger escritas por
escritores, críticos y admiradores, bajo el título: Letters to J. D. Salinger.


La película Descubriendo a Forrester, protagonizada por Sean Connery está
basada en Salinger. Además, ha sido notable la influencia ejercida en
escritores como Lemony Snicket y su Una Serie de Catastróficas Desdichas,
habiendo numerosas alusiones a él en los libros.


Salinger ha influido sobre una generación entera de escritores, entre los que
se cuentan señaladamente John Updike, Harold Brodkey y Philip Roth.

El guardián entre el centeno (1951)

El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye),
también traducido como El cazador oculto, se publicó en Estados
Unidos en 1951, provocando numerosas controversias por su
lenguaje provocador y por retratar sin tapujos la sexualidad y la
ansiedad adolescentes. Es considerado por numerosos expertos
como uno de los libros más importantes del siglo veinte.



Su protagonista, Holden Caulfield, se ha convertido en un icono del
resentimiento adolescente. Escrito en primera persona, El guardián entre el
centeno relata las experiencias de Holden en la ciudad de Nueva York,
después de ser expulsado de Pencey Prep, su escuela secundaria.


El título del libro hace referencia a un poema que se explica en el libro, que
trata sobre un “guardián entre el centeno” que evita que “los niños caigan
en el precipicio”.


Nueve cuentos (1953)
Nueve cuentos es una colección de relatos cortos del escritor
estadounidense J. D. Salinger. El libro incluye dos de los relatos
más famosos del autor, Para Esmé, con amor y sordidez y Un
día perfecto para el pez banana, protagonizado este último por
Seymour Glass, el mayor de los hermanos Glass.


Franny y Zooey (1961)
A raíz del éxito de su primera y única novela "El guardian entre
el centeno", publicada en 1951, J.D. Salinger, tímido y reservado
en extremo, decidió aislarse del mundo en su residencia de
Cornish, New Hampshire. En 1961 publicó "Franny and Zooey",
unión de dos relatos breves donde aparecen sus habituales
personajes adolescentes, hipersensibles y con tendencias
artísticas, en rebeldía contra el corrupto universo adulto. Usando
el diálogo Salinger consiguió un retrato de caracteres
inolvidable.


Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una
introducción (1963)
Este volumen recoge dos novelas o breves o relatos extensos de
que se cuentan entre los más brillantes y acabados de Salinger:
'Levantad, carpinteros, la viga del tejado' y 'Seymour, una
introducción'. En ambos aparece la figura fascinante de Seymour,
(un joven y prometedor poeta que se suicidó a los treinta y un
años), en un caso en el día de su boda, y en el otro como motivo
de los complejos sentimientos que despierta entre sus allegados. El primero
de los relatos se presenta como una extensa conversación que hace que el
tiempo de la acción y el tiempo que emplea el lector en conocerla coincidan
perfectamente, mientras que el segundo se presenta como poco menos ue
un pseudodiario del hermano del protagonista. La audacia narrativa de
Salinger le ha valido el reconocimiento de la crítica más exigente, y la
profundidad de sus argumentos en uno de los escritores vivos de más sólido
éxito.


EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO
SINOPSIS
Holden Caulfield es un adolescente con una visión particular del mundo.
Siente un extraño resentimiento por todo ser humano, los considera
hipócritas, a veces sin razón aparente, hasta tal punto de deprimirse
constantemente al notar la hipocresía que le rodea. A pesar de tener un
vocabulario limitado, Holden llega a ser muy ingenioso a veces, y posee un
humor sarcástico. Las primeras líneas del libro dejan en claro su forma
directa de ser y hablar.


Holden tiene tres hermanos. Uno de ellos, Allie, murió de leucemia cuando
Holden tenía 13 años. Los dos estaban muy unidos, y su muerte marcó
emocional y físicamente a Holden, ya que la noche en que Allie murió,
Holden en un arrebato de furia rompió todas las ventanas del garaje de su
casa a puñetazos. Su hermano mayor, D.B., se convirtió en guionista de
Hollywood al no poder triunfar como escritor. A Holden, que rápidamente
expresa su odio por el cine, no le gusta que su hermano trabaje en
Hollywood, a pesar de que disfruta leyendo sus cuentos y novelas.

Phoebe, a pesar de ser la hermana menor de Holden, es mucho más
madura que él, y suele reprenderlo por su inmadurez y actitud infantil.
Holden adora a Phoebe hasta el punto de llegar a ser sobreprotector, ya que
Phoebe representa la inocencia para él.


La novela comienza con Holden narrando, desde lo que
parece ser un hospital, su expulsión de la escuela
preuniversitaria Pencey y su periplo por la ciudad de Nueva
York, donde eventualmente llega a un punto donde no
puede más y decide internarse para poder descansar de
tanta "hipocresía".


CONTROVERSIA
Las razones principales por las que este libro fue criticado eran
principalmente su lenguaje ofensivo y sus referencias a las drogas, alcohol y
prostitución. Los críticos ven a Holden como un instigador de masas.

Treinta años después de su publicación en 1951, El guardián entre el
centeno era tanto el libro más prohibido, como el segundo más estudiado
como lectura obligatoria en los institutos estadounidenses. En la década de
1990 fue el nº 13 en la lista de libros más leídos en su país según la
Asociación de Bibliotecas Americanas y en el año 2005 se mantuvo entre los
diez primeros.


VALOR COMO OBRA DE LA LITERATURA UNIVERSAL
La razón por la cual esta obra sigue vigente es que logra
introducirnos en el mundo de una vida solitaria y extrema, la
aventura de Holden Caulfield. Nos muestra una visión de la
realidad de una persona que ha perdido la confianza y el
agrado por las personas que le rodean y la sociedad en general.
Hay velada ahí una crítica a la sociedad. La obra no es obscena,
simplemente es fuerte por su contenido de crítica social. Por lo
demás está decir que no existen en la novela referencias hacia
el asesinato o la disolución social. Es más: conviene no olvidar que el
protagonista no es un desarraigado absoluto: el cariño hacia su hermana
permanece y le hace incluso cambiar de conducta. De hecho, Holden es la
figura de alguien desengañado por la vida, la cual acaba de conocer como
adulto en forma de múltiples decepciones, pues se han corrompido aquellas
cosas que más amaba (sus hermanos, su profesor, el disco,etc.). Sin
embargo, es su hermana pequeña aquéllo por lo que aún merece la pena
vivir, ya que todo le falla menos ella.


ALGUNOS DATOS EXTRA…
La obra ha influenciado incluso la música actual. El cantante, guitarrista y
compositor Billie Joe Armstrong, de la banda norteamericana Green Day,
escribió la cancion "Who Wrote Holden Caulfield?" para su álbum Kerplunk!
(1992) basándose en su percepción sobre el protagonista, Holden Caulfield.
Armstrong explicó así su obra: "Es una canción sobre olvidar lo que vas a
decir. Sobre intentar motivarte a hacer algo porque tus mayores te dicen
'tienes que motivarte'. Entonces te frustras y piensas que deberías hacer
algo pero terminas haciendo nada. Pero luego lo disfrutas".


Extracto de la canción:
"Una idea irrumpe en mi cabeza y necesito contártela, son cosas nuevas
que pienso —¿fue sólo un sueño, que ocurrió hace mucho?— creo que se
me acaba de olvidar bueno, no ha sido la primera vez y me vuelve
realmente loco


Hay un chico que se confunde en su mundo y ahora se está volviendo
holgazán, no tiene motivación y la frustración lo vuelve loco. Él hace un
plan para tomar una postura pero siempre termina sentado, alguien que lo
ayude o terminará rindiéndose


Revuelvo por mi mente para ver si puedo encontrar las palabras que
abandoné -¿fue solo un sueño que ocurrió hace mucho?- oh bueno...
Olvídalo"


Como se puede observar, el narrador intenta recordar qué iba a decir, pero
se da cuenta que no puede recordarlo. Su mente es floja y no puede
motivarse y se pone más y más ocioso y frustrado. Quiere hacer algo
grande y significativo, "tener una postura", pero no tiene suficiente voluntad
ni fuerza para hacerlo, y por eso termina hasta olvidando lo que quería
hacer. Como mencionó el autor, la razón de la frustración quizás sea el
hecho obligatorio de hacer lo que los padres dicen: primero, no tienes
motivación para hacer lo que quieren que hagas y quieres rebelarte, pero
después te das cuenta de que no tienes motivación ni para rebelarte y sólo
"terminas rindiéndote". Como resultado, no haces nada y te desahogas en
tu propia apatía.


PARA SABER MÁS SOBRE EL AUTOR
http://paginaspersonales.deusto.es/abaitua/ikasle/lnntt_03/a_sainz/J_D_Salinger.html

http://antoncastro.blogia.com/2005/082105-j.-d.-salinger-o-el-escritorinvisible.php


Su vida, estilo y obras:
http://paginaspersonales.deusto.es/abaitua/_outside/ikasle/lnntt_03/a_sainz/J_D_Salinger.html


Leer El guardián... en línea:
http://www.scribd.com/doc/11133282/El-GuardiAn-Entre-El-Centeno-Por-jd-Salinger

J. D. Salinger: Emperador del olvido:
http://www.homines.com/palabras/j_d_salinger/index.htm

Memorias de un escritor invisible:
http://www.actuallynotes.com/J-D-Salinger-Memorias-de-un-Escritor-Invisible.htm

Textos que circulan en la red:
http://libroslibresmusicalibre.blogspot.com/2008/07/todo-jd-salinger-digital.html

sábado, 14 de marzo de 2009

Einstein: imágenes y artículos
























































¿Fue Einstein un Extraterrestre?

Hace ciento treinta años, Albert Einstein revolucionó la Física.
Marzo 14, 2009: Albert Einstein estaba exhausto. Por tercera noche consecutiva, su bebé Hans, llorando, mantuvo a la familia despierta hasta el amanecer. Cuando Albert finalmente se durmió... era hora de levantarse e ir a trabajar. No podía faltar ningún día. Necesitaba el trabajo para mantener a su joven familia.

Caminando con energía hacia la Oficina de Patentes donde era "Técnico Experto, Tercera Clase", Albert se preocupaba por su madre. Se estaba haciendo vieja y frágil, y sus relaciones con ella eran tensas: no aprobaba su matrimonio con Mileva. Albert echó un vistazo a una ventana de la tienda por la que pasaba. Su cabello era un desorden; había olvidado peinárselo otra vez.
Trabajo. Familia. Sobrevivir hasta fin de mes. Albert sentía la presión igual que cualquier padre y marido joven.


Para relajarse, revolucionó la física.
E
n 1905, a la edad de 26 y cuatro años antes de poder conseguir un trabajo como profesor de física, Einstein publicó cinco de los más importantes artículos en la historia de la ciencia —todos escritos en su "tiempo libre". Probó que los átomos y las moléculas existían. Antes de 1905, los científicos no estaban seguros acerca de ello. Argumentaba que la luz viajaba en pequeños pedazos (más tarde llamados "fotones") y de esa forma estableció la fundación de la mecánica cuántica. Einstein describió su teoría de la relatividad especial: espacio y tiempo eran hilos en una tela común, proponía, que podían ser doblados, estirados y retorcidos.

Ahh, y a propósito, E=mc2.
Antes de Einstein, el último científico que había tenido un despertar creativo semejante fue Sir Isaac Newton. Esto sucedió en 1666 cuando Newton se recluyó en la granja de su madre para evitar el contagio de una plaga en Cambridge. Sin nada mejor que hacer, desarrolló su Teoría de la Gravitación Universal.

Durante siglos los historiadores llamaron a 1666 el annus mirabilis de Newton, o "año milagroso". Ahora esas palabras tienen un significado diferente: Einstein y 1905. Las Naciones Unidas declararon 2005 "El Año Mundial de la Física" para celebrar el centenario del annus mirabilis de Einstein. (Los ganadores del premio Nóbel y otros eminentes científicos se reunieron con el público discutir el trabajo de Einstein.)
La cultura popular moderna pinta a Einstein como un súperpensador de cabello desordenado. Sus ideas, nos dicen, estaban probablemente muy por delante de las de otros científicos. Debe haber venido de algún otro planeta —quizás del mismo en el que creció Newton.

"Einstein no era alienígena", se ríe Peter Galison, físico e historiador de la ciencia de la universidad de Harvard. "Era un hombre de su tiempo". Todos sus artículos de 1905 desentrañaban problemas que estaban siendo estudiados, con diverso éxito, por otros científicos". Si Einstein no hubiera nacido, [esos artículos] habrían sido escritos de una u otra forma, con el tiempo, por otros", cree Galison.

Lo destacable de 1905 es que un único individuo fuera el autor de las cinco publicaciones, además de la original e irreverente forma en que Einstein llegó a sus conclusiones.
Por ejemplo: el efecto fotoeléctrico. Esto era un misterio a principios de 1900. Cuando la luz golpea un metal, como el zinc, los electrones salen volando. Esto puede suceder sólo si la luz viaja en pequeños paquetes suficientemente concentrados para golpear un electrón y dejarlo en libertad. Una onda por separado no haría el truco fotoeléctrico.

La solución parece simple —la luz está compuesta de partículas. Por supuesto, esta es la solución que Einstein propuso en 1905 y por la que ganó el premio Nóbel en 1921. Otros físicos como Max Planck (trabajando en un problema relacionado: radiación de cuerpo negro), de más notoriedad y experiencia que Einstein se estaban acercando a la respuesta, pero Einstein la obtuvo primero. ¿Por qué?

Es una cuestión de autoridad.
"En los días de Einstein, si usted intentaba decir que la luz estaba hecha de partículas, se encontraba en desacuerdo con el físico James Clerk Maxwell. Nadie quería hacer eso", dice Galison. Las ecuaciones de Maxwell eran enormemente satisfactorias, unificaban la física de la electricidad, el magnetismo y la óptica. Maxwell había probado más allá de ninguna duda que la luz era una onda electromagnética. Maxwell era una figura de autoridad.
A Einstein no le importaba un higo la autoridad. Él no se resistía a que le dijeran lo que tenía que hacer, no mucho, pero odiaba que le dijeran cual era la verdad. Incluso de niño estaba constantemente dudando y haciéndose preguntas. "Su sola presencia aquí socava el respeto de la clase hacia mi", le riñó su profesor de séptimo grado, el Dr. Joseph Degenhart. (Degenhart también predijo que Einstein "no llegaría a nada en la vida"). Este defecto del carácter llegaría a ser un ingrediente clave en los descubrimientos de Einstein.

"En 1905", comenta Galison, "Einstein acababa de recibir su Doctorado en Física. No estaba en deuda con ningún director de tesis o alguna otra figura de autoridad". Consecuentemente, su mente era libre para discurrir.

En retrospecto, Maxwell estaba en lo cierto. La luz es una onda. Pero Einstein también lo estaba. La luz es una partícula. Esta extraña dualidad confunde a los estudiantes de Física I de hoy, igual que a Einstein en 1905. ¿Cómo es posible que la luz sea ambas cosas? Einstein no tenía ni idea.
Eso no le detuvo. Sin pensarlo dos veces, Einstein adoptó la intuición como herramienta básica. "Creo en la intuición y la inspiración", escribió en 1931. "Algunas veces siento que estoy en lo cierto aunque no sepa la razón".

A pesar de que los cinco artículos de Einstein fueron publicados en un solo año, él estuvo pensando sobre física, profundamente, desde su infancia. "La ciencia era el tema de conversación a la hora de la cena en la casa de Einstein", explica Galison. El padre de Einstein, Hermann, y su tío Jacob dirigían una compañía alemana que hacía cosas como dínamos, lámparas de arco, bombillas y teléfonos. Esta era la tecnología de vanguardia al principio del siglo, "como lo sería hoy una compañía de Silicon Valley", comenta Galison. "El interés de Albert por la ciencia y la tecnología llegó de forma natural".

Los padres de Einstein a veces lo llevaban a fiestas. No hacía falta niñera: Albert se sentaba en el sofá, totalmente absorbido, resolviendo problemas de matemáticas en silencio, mientras otros bailaban a su alrededor. ¡Lápiz y papel eran la GameBoy de Albert!

Einstein tenía una capacidad de concentración impresionante. Su hermana, Maja, recordaba " ...incluso cuando había mucho ruido, era capaz de tumbarse en el sofá, coger un bolígrafo y un papel, equilibrando precariamente un tintero en el respaldo y absorberse en un problema tanto que el ruido de fondo lo estimulaba más que le molestaba".

Einstein era francamente inteligente, pero no exageradamente más que sus compañeros. "No tengo talentos especiales", afirmó, "Soy apasionadamente curioso, nada más". Y otra vez: "El contraste entre la valoración popular de mis capacidades y la realidad es simplemente grotesco". Einstein atribuía sus descubrimientos a la imaginación y a preguntar insistentemente, más que a la inteligencia convencional.

Más tarde en su vida, como se recuerda, luchó con fuerza para producir una teoría unificada del campo, combinando la gravedad con otras fuerzas de la naturaleza. Fracasó. La capacidad mental de Einstein no era ilimitada.

Tampoco lo era el cerebro de Einstein. Fue extraído sin permiso por el Dr. Thomas Harvey en 1955, cuando Einstein murió. Probablemente esperaba hallar algo extraordinario. La madre de Einstein, Pauline se había preocupado mucho porque la cabeza del bebe Einstein estaba caída de un lado. (La abuela de Einstein tenía otra opinión: "¡Muy gordo!"). Pero el cerebro de Einstein era como cualquier otro, gris, arrugado, y, si acaso, un poco mas pequeño que lo normal.

Son recientes y escasos los estudios detallados del cerebro de Einstein. En 1985, por ejemplo, el profesor Marian Diamond de Universidad de California Berkeley, informó de un número de células gliales (que nutren a las neuronas) de superior calidad en áreas del hemisferio izquierdo, encargado del control de las habilidades matemáticas. En 1999, la neurocientífica Sandra Witelson informaba que el lóbulo parietal inferior de Einstein, un área relacionada con el razonamiento matemático, era un 15% mas ancho de lo normal. Además, encontró la grieta de Slyvian, un surco que normalmente se extiende desde la parte delantera del cerebro hasta la parte posterior, que no recorría todo el camino en el caso de Einstein. ¿Habría podido permitir esto una mayor conectividad entre las diferentes partes del cerebro de Einstein?
Nadie lo sabe.

No saber hace a algunos investigadores sentirse incómodos. Esto alegraba a Einstein: "La cosa más hermosa que podemos experimentar es el misterio", decía. "Es la emoción fundamental que soporta la cuna del arte verdadero y la ciencia verdadera".
Es la emoción fundamental que Einstein sentía, caminando hacia el trabajo, despierto con el bebe, sentado a la mesa durante la cena. El hechizo de lo desconocido vencía al agotamiento, cada día.

Monografía muy interesante sobre Albert Einstein:
La famosa página de Einstein, ahora en español:
Completísima biografía:
Un ensayo que reune más de diez análisis sobre Einstein, en la voz de eminentes científicos. Para descargar:
Colección de citas memorables del genio:
Análisis expléndido de su vida, para descargar:
Magistral intercambio de opiniones entre expertos en el mejor foro de ciencia de la red:

martes, 10 de marzo de 2009

Las infinitas migraciones de Cernianski

Las migraciones serbias, Paja Jovanovich

El día que comencé a recorrer las voluminosas e interminables páginas de esta colosal obra épica era el de San Juan de Rivera, Arzobispo de Valencia, es decir 18 de Febrero de 2009, según el calendario católico.

A través de esta pintura literaria el redescubierto autor serbio nos presenta un óleo realista, aunque no exento de heroísmo; por cuyas centenares de páginas discurren toda una serie de personajes variopintos desde alféreces y húsares, pasando por lugartenientes y amanuenses hasta feldmariscales, tenientes y arciprestes; animados todos ellos por grandes pasiones, odio amor venganza y concupiscencia. Y centrándose especialmente en la genealogía de una familia que como tantas otras anhelan establecerse en un paraíso edénico, sin importar si para ello deben hacer los más grandes sacrificios, como abandonar patria, tierras y hasta seres queridos o dejar su pasado atrás, lleno de una rica historia que contarán algún día a sus hijos y nietos nacidos en una nueva tierra, a donde llegarán atravezando montañas, ríos turbulentos y tormentas embravecidas.

El escritor utiliza también la narración para darnos a conocer sus teorías sobre la escritura y la novela, tal como lo precisa aquí:
“El pasado lejano no suele aparecer solitario en nuestros sueños, sino mezclado con el presente y el pasado reciente. Con la particularidad de que las nimiedades de nuestros días más remotos reaparecen a veces con una claridad prístina y, en cambio, lo realizado la víspera se presenta de forma alterada” Libro dos, cap. VIII.

En esta epopeya, hordas de seres humanos enfilan en largas e inmensas caravanas. Cada criatura con su propia historia de miseria, cada quien arrastrando su trágica existencia. Este es el cuadro que nos pinta Cernianski cual tremendo mural, que no quedaría nada mal ubicado sobre los ladrillos del antiguo y tristemente recordado muro de Berlín; que sirvió también para separar a multitud de familias, amigos, amantes, hijos y padres, por un collado de piedra infranqueable. Pero en este impresionante relato no es una pared de roca lo que separa a sus gentes unas de otras, sino un infinito camino sembrado de pantanos, cumbres nevadas y ríos caudalosos.

Aquí se desarrolla una historia que linda con lo legendario, contada por el autor como un cronista insuperable de un tiempo que se nos hacia pretérito a siglos de distancia, pero que gracias a la mirada del autor nos aparece frente a nuestros ojos para revelar la estela de sufrimiento y caos que no se diferencia en mucho de las vejaciones de muchos pueblos de la actualidad.Una historia tan apasionante como la de los pueblos otomano, mongol o del mismo imperio ruso.

Toda historia tiene un propósito, y aún cuando dicha intención no sea más que dar a conocer un drama, tal vez carecería de valor ya que la vida de los hombres es efímera, y entonces ¿quiénes responderían por los errores cometidos? ¿sería una historia que se perpetuaría hasta el fin de los tiempos? El historiador también se pregunta lo mismo:
“¿Para qué decirlo todo? No sirve de nada hablar de algo en pasado. Los hombres son mortales y tarde o temprano abandonarán este mundo, así que el pasado sólo será un absurdo. Como si nunca hubiera existido. Y lo que ha sido dicho quedará anulado como si nunca hubiera sido pronunciado”. Libro dos, cap. XII.

Somos testigos de uno de los más grandes éxodos desde que el pueblo hebreo atravesara el desierto durante cuarenta años, dispersados por dunas y tormentas de arena; con la diferencia de que aquí el dios de los serbios no es un Dios de maná y milagros, sino uno de tragedias y destinos inexorables. Una divinidad que predestina a sus criaturas a la soledad, la derrota y la barbarie.
Donde conseguir el libro:

jueves, 5 de marzo de 2009

Corre John Updike


· El novelista norteamericano John Updike (Shillington, Pensilvania, 1932-2009) es un gigante en un país en el que no faltan gigantes literarios. Algunos de ellos son J. D. Salinger, Norman Mailer, Philip Roth, Toni Morrison, Gore Vidal o Joyce Carol Oates. Sólo esta última podría jactarse de ser tan prolífica como él. Por lo que a versatilidad se refiere, John Updike no le va a la zaga a ninguno. Afincado en Nueva Inglaterra, territorio sagrado de la tradición de los escritores no judíos de las letras norteamericanas, el perfil de John Updike como escritor reúne todas las características desaconsejadas por la Biblia del multiculturalismo: Es blanco, varón, heterosexual, anglosajón y protestante. Ello no ha impedido que se haya hecho acreedor a un respeto casi universal. Una novelista tan exigente y tan alejada de su estética como Margaret Atwood, decana de las letras canadienses, ha dicho de él: "Ningún escritor norteamericano ha escrito tantas obras de tanta calidad durante tanto tiempo".


"Irak es una herida abierta. Lo que allí está pasando lo hemos causado nosotros. Es nuestro problema y hemos de arreglarlo"


"Siempre he estado condenado a competir con Philip Roth. Los dos empezamos a publicar muy pronto"


"Somos una sociedad que se ahoga litaralmente en basura, comida 'basura' y la cultura 'basura' del entretenimiento"


Updike ha recibido más galardones de los que puede recordar, incluida la concesión en dos ocasiones distintas del Pulitzer en la categoría de ficción, proeza lograda tan sólo por otros dos escritores a lo largo de la historia del premio, uno de ellos, William Faulkner.


Autor de más de medio centenar de libros, su fértil imaginación lo ha llevado a explorar todos los géneros: teatro, poesía, cuento, novela, ensayo, autobiografía, obras para niños? casi ningún tema le es ajeno. Cuando publicó un libro sobre golf, un crítico aseveró: "Se puede escribir sobre deportes como el baloncesto o el béisbol y hacer que resulte entretenido, pero escribir sobre golf y conseguir que el lector se apasione, es algo que sólo está al alcance de John Updike".


Capaz de colocarse máscaras muy distintas y sentirse cómodo detrás de todas ellas, John Updike es, por encima de todo, un narrador formidable. Autor de infinidad de cuentos y de 22 novelas, el conjunto de su obra de ficción constituye la mejor y más completa radiografía de la clase media de Estados Unidos, su país. Nadie ha sometido a examen con tanto rigor la fibra medular de la democracia norteamericana. En sus narraciones, Updike registra las frustraciones, pasiones y ansiedades de los hombres y mujeres que tratan de sobrevivir en la lucha del día a día, dando forma a frisos corales que logran rescatar de lo más hondo de unas existencias en apariencia anodinas, atisbos de grandeza, el fondo anhelante que da sentido a la vida. Su obra capital es una saga de cuatro novelas que giran en torno al inolvidable Harry, Conejo, Angstrom. Publicadas a intervalos de 10 años, en ellas, Updike sigue la trayectoria vital del protagonista, a la vez que efectúa una reveladora disección de lo que ha sido Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX. Reunidas en 2003 como una sola obra de 1.500 páginas de extensión, para muchos, la saga protagonizada por Harry Angstrom es "la gran novela norteamericana" de nuestro tiempo. Pero la obra de Updike abarca muchos otros registros e incluye muchos títulos de gran calidad, como El Centauro (1963), Parejas (1968), Las brujas de Eastwick (1984), Memorias de la Administración Ford (1992), La belleza de los lirios (1996), Hacia el final del tiempo (1997) o Busca mi rostro (2002). Imposible enumerar todas las entregas de la formidable comedia humana que es la obra narrativa de John Updike, cuyo éxito radica en la honestidad de su visión artística, en la belleza y precisión de su prosa, en la sagacidad impregnada de compasión con que sabe retratar las pasiones y sentimientos más profundos del común de los mortales.


John Updike es un campeón del realismo en el sentido más clásico del término, pero temáticamente siempre ha sido atrevido. Su audaz tratamiento del sexo, su lúcida investigación del sustrato religioso subyacente a la visión cultural de su país, la mirada crítica que dirige hacia la sociedad estadounidense, han roto moldes. A los 75 años, sigue siendo fiel a esta visión. Se publica ahora en España Terrorista (Tusquets), una obra ágil y arriesgada que ha sido recibida con polémica entre sus compatriotas. En ella, Updike invita a los lectores a adentrarse en la psicología de un musulmán de 18 años, nacido y educado en Estados Unidos, cuya repugnancia hacia los valores de Occidente le lleva a creer que su misión es inmolarse en un atentado terrorista.


Los habitantes de Londres y Madrid saben bien qué significa que el germen de un odio y un terror erróneamente arraigados en un sentimiento de índole religiosa anide en los tejidos mismos de la sociedad civil, pero en Estados Unidos, donde la mayor parte de la población no ha salido aún del estupor que provocaron los atentados contra el Pentágono y las torres del World Trade Center en septiembre de 2001, la nueva propuesta novelística del autor de La belleza de los lirios ha causado conmoción. No todos los lectores estaban preparados para que alguien que tan bien ha sabido reflejar sus inquietudes más íntimas, los obligara a confrontar de manera tan directa la posibilidad de que el terror se haya instalado en el centro mismo de su existencia.



¿Qué siente John Updike cuando está delante de las estanterías que albergan el más de medio centenar de títulos que ha publicado a lo largo de su vida?
Los primeros años, cuando sólo había seis o siete libros, me llenaba de satisfacción contemplarlos. Ahora es distinto. A veces pienso que quizá debiera haber escrito menos y entonces no puedo evitar sentir cierta repugnancia, como si fuera un elefante delante de una montaña de excremento.


Hábleme de su casa, de los lugares donde ha vivido, de su vida cotidiana.
Nací en un pueblecito de Pensilvania, donde transcurrió la primera parte de mi vida, hasta que fui a la Universidad de Harvard, en Nueva Inglaterra. Más adelante pasé una temporada en Londres, estudiando arte, y luego viví unos años en Nueva York. Mis primeras tres o cuatro novelas las escribí en Pensilvania, pero hay algo en Nueva Inglaterra que me sedujo desde la primera vez que puse un pie aquí: las pequeñas poblaciones, la gente, el paisaje, las ciénagas, el aire impregnado de salitre, el ambiente cargado de misterio... Desde hace 25 años vivo en las afueras de Beverly, una población costera del Estado de Massachusetts.


Me encanta Nueva Inglaterra, soy muy feliz aquí, es un buen lugar para un escritor. La nómina de autores ilustres que han vivido en esta zona es muy extensa. Melville, Hawthorne y Emerson son algunos de ellos. Vivo con mi segunda esposa, Martha, en una casa de madera pintada de blanco, con unas vistas espléndidas del Atlántico. Trabajo en un ala de la casa, un conjunto de cuatro habitaciones que en tiempos fueron los cuartos de la servidumbre. Martha y yo no dejamos de decir que la casa es excesivamente grande para dos personas, pero la idea de una mudanza nos aterra, por los libros sobre todo. Llevo una vida muy sencilla, con un horario muy rígido que he mantenido siempre: me levanto muy temprano y me encierro a escribir hasta la hora del almuerzo. Desde el principio de mi carrera he procurado vivir de la escritura. Jamás he ejercido ningún otro oficio, ni siquiera la enseñanza, como hacen tantos escritores. Así que no tengo ninguna excusa, estoy condenado a escribir.


En medio de la soledad del proceso creativo, ¿hay momentos en los que su ficción se abre al lado más oscuro de las cosas?
Ciertamente, algunas de mis narraciones se adentran en el lado oscuro de la existencia. Son incursiones en las tinieblas que se ciernen sobre la isla de luz que es la vida, pero cuando estoy entregado en cuerpo y alma al acto de escribir, aunque el asunto sea trágico, siento un placer físico. Cuando estoy en pleno acto creativo y voy encontrando una a una las palabras que expresan lo que deseo decir, se apodera de mí una suerte de éxtasis.
A lo largo de medio siglo de dedicación a la literatura profesional nunca ha tenido agente y siempre ha mantenido una fidelidad absoluta a su editorial, a la revista 'The New Yorker' y a la persona que revisa sus manuscritos antes de su publicación.


No tengo nada contra los agentes literarios, conozco a muchos que son excelentes personas y buenos profesionales. Cuando empecé no era necesario tener agente, hoy la cosa ha cambiado bastante, pero sobre todo no me gusta que nadie interfiera con la intimidad del proceso creativo.
No quiero que nadie opine desde fuera acerca de la dirección que debe seguir mi obra. Las lealtades de las que usted habla se forjaron al principio mismo de mi carrera. Lo primero que publiqué en mi vida apareció en la revista The New Yorker. Tenía 22 años y desde entonces nunca he dejado de colaborar con ellos. Mi primer libro fue una colección de poesía. Lo saqué en Harper porque era la editorial de muchos colaboradores de The New Yorker, pero mi siguiente libro, una novela, se lo ofrecí a Alfred A. Knopf, y desde entonces no he publicado nada con ninguna otra editorial. Una cosa que me gustaba era lo bien que hacían los libros. Tenían belleza visual. Me gustaba mucho la manera de ser de Alfred. Era un editor a la antigua usanza, mucho mayor que yo, pero me encantaba. Tenía garra, chispa, y se preocupaba mucho por sus autores.


¿Cómo es la dinámica de trabajo entre usted y su editora? ¿Interviene mucho en sus manuscritos?
Judith lleva editando mis libros desde que publiqué mi segunda novela, Corre, Conejo, en 1960. Es una mujer de inteligencia muy rápida. No consulto gran cosa con ella hasta tener la novela bastante acabada. Entonces lee el manuscrito, y si tiene cosas que decir, las consulta conmigo, y si me parecen válidas, las incorporo. No suele poner muchas pegas, básicamente me apoya y me alienta, cosa que yo necesito.


¿A qué se debe la aureola de leyenda que envuelve a 'The New Yorker'? ¿Qué tiene de especial?
No hay una revista igual. Hay muchas clases de revistas literarias, pero The New Yorker está por encima de todas. Se fundó en 1925 y empezó como una publicación humorística. En la década de los veinte se concedía más importancia que ahora al ingenio y al humor, conviene no perder de vista eso. Cuando yo empecé a leer The New Yorker tenía solo 11 años. Me encantaban las caricaturas y los chistes gráficos y soñaba con colaborar como dibujante algún día. Cuando andando el tiempo renuncié a mis aspiraciones como dibujante y decidí dedicarme a la escritura, mi modelo era James Thurber, un humorista. Irónicamente, lo primero que publiqué en The New Yorker fue un poema. Tenía 22 años y recuerdo aquel día como uno de los más felices de mi vida, casi tanto como cuando nació mi primer hijo. Me pareció que se me había dado permiso para entrar en el paraíso terrenal de la letra impresa. La grandeza de The New Yorker estribaba en el espíritu que animaba la revista: una mezcla de limpieza, modestia, buen gusto, inteligencia e inocencia...


Usted ha escrito de todo: cuento, novela, poesía, ensayo, autobiografía, libros para niños, incluso una obra de teatro. ¿Qué le ha llevado a ser tan polifacético?
No hay nada comparable a la sensación de tener dentro un poema que puja por salir, cosa que no pasa siempre, por supuesto. He publicado seis o siete volúmenes de poesía, pero no tengo grandes pretensiones como poeta. Con los cuentos es distinto, un cuento es algo rápido e intenso, como tomar una instantánea de la realidad. Desde el punto de vista creativo, el relato no exige tanta inventiva como la novela, no implica la creación de un mundo completo.


La crítica y el ensayo son un aspecto muy importante de mi actividad como escritor. Empecé hace muchos años, y entre otras cosas, es una manera de mantener viva mi presencia en The New Yorker. Es un ejercicio saludable, me obliga a leer libros que de otro modo no leería, y me mantiene en forma como lector.


¿Qué escritores le interesan?
Los de mi generación sobre todo. Por supuesto, leo todo tipo de escritores, algunos mucho más jóvenes que yo, pero me siento parte de una generación, aunque podamos ser muy distintos. Creo que el hecho de haber venido al mundo más o menos a la vez nos confiere una cierta unidad de visión. Siempre he estado condenado a competir con Philip Roth. Los dos tenemos una obra muy amplia y empezamos a publicar muy pronto. Es una presencia muy poderosa en las letras norteamericanas. Aunque es algo más joven que nosotros, Don DeLillo me parece un novelista admirable. Su obra tiene una perspectiva política de la que yo carezco. Entre los maestros del relato breve, el más grande para mí es John Cheever. Fue un poco mi padre literario y le echo terriblemente de menos. Era un hombre atormentado, con un humor muy ácido y una agilidad mental extraordinaria. Entre las escritoras destacaría a Anne Tyler, excelente novelista, sólida, muy sutil, con una obra extensa.


¿Cómo definiría su estilo?
Cuando empecé a escribir me influyó el nouveau roman. Por eso mi primera novela, que publiqué a los 27 años, era bastante experimental, pero mi estilo, por el que mis lectores me reconocen, es esencialmente realista. Aunque en algunas novelas me he apartado de mi modo de hacer fundamental, siempre vuelvo a mis raíces e intento darle al lector un pedazo de la realidad. Creo que fue Nathalie Sarraute quien dijo que el sustrato que hace que todo se mueva es la realidad.


La realidad está en la base de nuestros deseos, de nuestros pensamientos, de nuestros recuerdos, y los novelistas no somos sino comentaristas de la realidad. Decimos lo que en ella hay de maravilloso o de terrible o de misterioso. En ningún lugar me siento más cómodo que instalado en la realidad, cerca de la gente normal. Es de ellos acerca de quienes escribo, acerca de la clase media, ni los más ricos y privilegiados, ni los más pobres, sino el ciudadano medio, los hombres y mujeres que tratan de sobrevivir día a día en la lucha diaria que es la vida cotidiana.
Su última novela ha causado cierto estupor entre sus lectores porque en ella ha decidido dar vida a un terrorista nacido y educado en los Estados Unidos, y quizá el lector norteamericano no estuviera preparado para recibir algo así, al menos de alguien como usted.


No es ninguna novedad decir que los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron de manera indeleble a la sociedad norteamericana. Por una coincidencia portentosa del destino, yo fui testigo presencial de aquella tragedia. Aquella mañana me encontraba en Brooklyn con mi mujer, y desde el otro lado del río pudimos ver lo que pasó con total claridad. Contemplamos atónitos cómo el segundo avión se empotraba contra una de las Torres Gemelas, y las vimos envueltas en llamas, exhalando una nube de humo que cubría todo el cielo de Manhattan, antes de desplomarse. Éramos perfectamente conscientes de que miles de hombres y mujeres acababan de perder la vida delante de nosotros. No puedo decirle qué sentí. No era capaz de dar crédito a lo que veían mis ojos. Escribí acerca de lo ocurrido en un artículo que se publicó en The New Yorker una semana después.


Para Estados Unidos aquello fue una conmoción indescriptible porque era la primera vez que nos ocurría algo semejante en nuestro propio terreno. Hasta entonces las cosas habían ocurrido muy lejos, en otros continentes. De niño, yo seguí los acontecimientos de la II Guerra Mundial, y la tragedia que presencié en directo me hizo pensar en el bombardeo que padeció Londres. Yo vi cómo bombardeaban Nueva York. Para mí, como novelista, haber sido testigo presencial del atentado fue un revulsivo. Tenía que dar alguna respuesta, y tardé casi seis años en hacerlo. Y es así como creé al personaje de Ahmed, que es un terrorista que busca suicidarse porque cree que es lo que le obliga a hacer su fe. Pero lo más importante es que Ahmed es norteamericano, es un chico nacido aquí, en nuestro suelo, en un barrio marginal de una ciudad norteamericana, una ciudad de Nueva Jersey, oprimida, como lo son muchas ciudades norteamericanas. Sentí que mi obligación como escritor era meterme dentro de su piel y ver el mundo y lo que él creía que era su misión a través de sus ojos.


Usted es demócrata de toda la vida. ¿Qué visión tiene de las cosas en estos momentos? ¿Es pesimista?
Irak se ha convertido en una pesadilla, pero era muy difícil suponer que las cosas hubieran podido transcurrir de otra manera. Obviamente, la Administración de Bush no esperaba que las cosas fueran a acabar así. Estaban convencidos de que habría menos resistencia, de que el pueblo iraquí iba a estarles muy agradecido por haberlos liberado de la tiranía de Sadam Husein. Yo no voté por George Bush, pero he hecho un esfuerzo consciente por tratar de ver las cosas desde su punto de vista. Lo que no se puede negar es que Irak es una herida abierta que no cesa de sangrar, y lo que está pasando allí lo hemos causado nosotros, y personalmente, no me parecería muy responsable irse de la zona como quien no quiere la cosa. Es un problema nuestro y lo tenemos que intentar arreglar nosotros, y me gustaría mucho ver un Gobierno demócrata instalado en la Casa Blanca, para ver cómo afronta la situación.


¿Cómo ve usted las elecciones? ¿A quién cree que elegirán los demócratas como candidato?
Es muy difícil saberlo. Estamos viviendo una situación única, que no se ha dado jamás en la historia: un candidato negro y una mujer. Lo que está por ver es si Estados Unidos está preparado para un cambio de semejante calibre. Con respecto a Obama, lo que va a suceder, y eso es algo muy característico de nuestro panorama electoral, es que lo van a someter a un escrutinio del que francamente creo que es muy difícil que salga indemne; aquí se examina despiadadamente el más mínimo aspecto del pasado de los candidatos. El escrutinio ya ha empezado, con cosas como si Obama asistió hace mucho tiempo a una escuela islámica y lo que puede significar algo así. A medida que transcurra el tiempo, el acoso que supone un escrutinio tan despiadado puede llegar a hacerse insostenible. En estos momentos, en las previsiones va por delante Hillary Clinton. Una mujer. A muchos demócratas y a grandes sectores del electorado les gusta el programa de Hillary Clinton. Es decir, les gustan las cosas que dice, pero no estoy tan seguro de que les guste cómo las dice. Con todos mis respetos hacia la dama, no tiene una personalidad precisamente agradable. Ahora bien, ¿por qué razón, si se da el caso de que el candidato a la presidencia de un país es mujer, ésta tiene mayor obligación de caer bien, de ser simpática, de tener una personalidad obligatoriamente agradable? No estoy seguro de que Golda Meir o Margaret Thatcher destacaran precisamente por tener una personalidad agradable. Puede que ahí esté el fondo de la cuestión. No estoy seguro de que los demócratas estén preparados para nominar a una mujer como candidata a la presidencia de Estados Unidos.


¿Podemos abordar la cuestión del patriotismo norteamericano? A lo largo de toda su obra, y en 'Terrorista' sigue siendo así, usted parece oscilar entre el elogio y la crítica a su país.
Sé que no está de moda decir una cosa así, pero soy proamericano. Creo en Estados Unidos, me considero afortunado por ser ciudadano de este país. Me crié en un ambiente en el que el patriotismo era un sentimiento inocente. Históricamente, Estados Unidos fue un país pionero de la fe en la democracia, y seguimos siéndolo. Para nosotros no hay valor civil más alto ni causa más noble que la soberanía del pueblo. Nada puede sustituir una cosa así.


Eso no quiere decir que no hayamos cometido y sigamos cometiendo errores. En mis novelas siempre he sido crítico con muchos aspectos de esta sociedad. En Terrorista alerto de graves errores en los que hemos permitido que incurran nuestros jóvenes. Eso es algo que ya hice en otras novelas, como Corre, Conejo, y ahora he vuelto sobre ello, sólo que en este momento se dan circunstancias que no se habían dado antes, históricamente. Sigo siendo crítico con el carácter y la sociedad norteamericanos. Me gustan cosas de nuestro carácter, como que somos abiertos y tenemos una voluntad permanente de aprender, pero tenemos muchos problemas. Somos una sociedad que se ahoga literalmente en basura, comida basura y la cultura basura de la industria del entretenimiento.



La última novela de John Updike, 'Terrorista', traducida al español por Jaume Bonfill y publicada por la editorial Tusquets, ya está a la venta.
El novelista John Updike falleció a los 76 años
El autor de la saga 'Conejo', Premio Pulitzer, muere tras luchar durante años contra un cáncer de pulmón.
El novelista estadounidense John Updike, cronista del desencanto vital de la América de clase media, ha fallecido a los 76 años, tras años de lucha contra un cáncer de pulmón, según ha informado su editorial, Alfred A. Knopf, en The New York Times.

Autor de grandes frescos de la norteamérica contemporánea, como la saga protagonizada por el ciudadano medio Harold Angstrom, alias Conejo, (en Conejo es rico y Conejo en paz, que le valieron el Premio Pulitzer), Updike, ganador del Premio Pulitzer, destacó como escritor de relatos, crítico literario y ensayista en publicaciones de presitigio com The New Yorker y The New York Review of Books. Era uno de los intelectuales más influyentes de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX. Y además era un superventas.

Updike, que residió en Beverly Farms, Massachusetts (EE UU), fue un autor tremendamente prolífico: escribió más de 50 libros (unas 25 novelas) en una carrera que abarca desde la postrimerías de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad. Compaginaba la escritura de ficción (novelas y cuentos) con la de críticas y ensayos. Su producción novelística fue la que le situó en un lugar destacado de la literatura estadounidense contemporánea, junto a grandes firmas como Saul Bellow, Philip Roth, Don DeLillo y Kurt Vonnegut, entre otros.

Sin el Nobel
Entre su amplia galería de galardones no se cuenta el Nobel de Literatura, circunstancia de la que Updike se resarció en una de sus ficciones: uno de sus personajes más recordados, el novelista Henry Bech, egocéntrico y mujeriego, recogió el galardón en 1999.
De su amplia producción destacan las obras en las que retrató la América residencial, la de las urbanizaciones de casas residenciales. Esa América que resurgió con ímpetu tras la Segunda Guerra Mundial, cuando empezaba a olvidarse la Gran Depresión que postró el país tras el crash de 1929. En esos Estados Unidos convalecientes creció el joven Updike, nacido en el seno de una familia protestante en Reading, Pennsylvania, en 1932.

De la desolación de la Gran Depresión, al optimismo de los cincuenta, Updike tomó el pulso a la sociedad estadounidense. Y así siguó durante los sesenta, que vieron el surgimiento de la lucha por los derechos civiles y la oposición a la guerra de Vietnam.
Murió John Updike, virulento crítico de la debacle de EE.UU.
José Agustín lo ubica como “uno de los escritores mayores” de las letras estadunidense.

Era un candidato natural al premio Nobel, subraya Hernán Lara Zavala.

Retrató, junto con John Cheever, el alma verdadera de esa nación, el Estados Unidos profundo, dijo el autor de La tumba, Ángel Vargas.

John Updike, ca. 1960, recibió dos veces el premio Pulitzer.

Uno de los escritores contemporáneos más relevantes de Estados Unidos, espejo crítico de la clase media en ese país, John Updike falleció la mañana del martes 16 de febrero, en Nueva York, a los 76 años a causa de cáncer en el pulmón.
La noticia fue dada a conocer por el agente del autor, Nicholas Latimer, quien recalcó que fueron años de lucha del narrador contra esa enfermedad.
Nacido en Shillington, Pensilvania, en 1932, Updike es considerado uno de los más ácidos cronistas de la sociedad estadunidense de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, por ser poseedor de un manejo erudito de temas como el sexo, el divorcio y otros aspectos de la vida en pareja.

Creador prolífico, su bibliografía alcanza en poco más de medio siglo de trayectoria 25 novelas y más de una docena de colecciones de cuentos, así como poesía, ensayos, crítica literaria e inclusive libros para niños.

La serie protagonizada por Harry Conejo Armstrong (desde Corre, conejo hasta Conejo en el recuerdo y otras historias) es su obra más famosa y representativa; en México se encuentra disponible en el sello Tusquets, al igual que su novela más reciente, Terrorista, de 2007.

Figura imprescindible
Galardonado en dos ocasiones con el Pulitzer, en 1982 y 1991, y en una con el premio American Book, cientos de las historias, reportajes y poemas de John Updike aparecieron de manera regular en el semanario The New Yorker desde 1950.

Como narrador exploró habitualmente las motivaciones humanas sobre el sexo, la fe, la razón última de la existencia, la muerte, los conflictos generacionales y las relaciones interpersonales, con un manejo casi artesanal del lenguaje.
Según el escritor mexicano Hernán Lara Zavala, Updike pertenece a esa importante camada de autores estadunidenses nacidos en la década de los 30 que siempre figuraron como candidatos al Premio Nobel, en la que aparecen, además, Saul Bellow (quien finalmente lo obtuvo), Norman Mailer y Phillip Roth.

Por su parte, José Agustín lo sitúa como “uno de los escritores mayores de la literatura estadunidense de todos los tiempos y, por supuesto, figura imprescindible del siglo XX”.
Fue “un cronista sensacional y sumamente virulento y crítico de la clase media gringa. Sobre todo en su saga de Harry Conejo Armstrong, va mostrando cómo, conforme evoluciona la vida del personaje, va decayendo y deteriorándose la vida en Estados Unidos”, describe el autor de La tumba en entrevista telefónica.

“Es el complemento perfecto de John Cheever, cuentista extraordinario, quien tambien trabajó mucho sobre la clase media del noreste de Estados Unidos. Son autores que retratan el alma verdadera de esa nación, el Estados Unidos profundo, la forma en que éste se va deteriorando.”
Especialista en la literatura contemporánea del vecino país del norte, Lara Zavala resalta, también en conversación telefónica, que el autor de A conciencia y La belleza de los lirios “fue un hombre consagrado en cuerpo y alma a las letras, porque nunca cayó, como otros tantos, en impartir cursos, dar clases; se dedicó a escribir, y tuvo una carrera muy brillante”.

Destaca, además, que la obra más importante del autor estadunidense es la ya mencionada saga protagonizada por Harry Conejo Armstrong, que consta de cuatro títulos y dos añadidos, debido a que en cada uno de esos volúmenes diseccionó lo que pasaba década por década.
“Empieza en los años 50, que es la época de la posguerra y el inicio de la recuperación de Estados Unidos; le sigue la de los 60, con el black power, el poder negro; luego, los 70, la etapa de la riqueza de esa nación; y, finalmente, los 80, cuando viene la caída reaganeana.”

Virtuoso del erotismo
Hernán Lara Zavala niega que ser un agudo cronista de la sociedad estadunidense de la posguerra le haya acarreado algún conflicto político a John Updike.
“No tuvo problemas con la izquierda ni la derecha; en terminos políticos, más bien era conservador, pero, como buen escritor, adoptó ciertas causas. Por ejemplo, a través de su personaje Harry Conejo Armstrong se une a la causa del black power”, señala.
“Su ojo era agudo y veía todo, aunque sus personajes no eran como los de Philip Roth, más comprometidos políticamente, más progresitas, sino son personajes más de acuerdo con la clase media. Pero ésa es una cualidad que le permite interpretar de manera más justa y apegada las contradicciones del propio sistema de aquel país.”

El especialista ubica a Updike como sucesor de J.D. Salinger y subraya que eso, aunado a sus colaboraciones como cuentista en The New Yorker, fue determinante para que no fuera demasiado radical en su postura política ni estilo. “Pero encontró la manera de darle la vuelta a eso y supo decir lo más fuerte sin palabras crudas.”
Otro aspecto que destaca Lara Zavala es que, a pesar de que el escritor era protestante, puede considerársele uno de los más grandes del erotismo en la sociedad estadunidense.

“Era extraordinario para narrar escenas de orden amoroso; sus personajes son muy importantes en ese sentido. No hay que olvidar que tiene una novela, Parejas, en la que describe lo que era el intercambio de parejas a finales de los años 60, que se convirtió en un clásico.”
John Updike “era un candidato natural al Premio Nobel. Hay que destacarlo también como gran estilista; tenía un lenguaje muy delicado, cuidado, con un giro poético muy importante, y eso hizo de él un prosista poético. Nunca buscó la publicidad ni la fama, como Norman Mailer”, concluye.
Aquí en las siguientes webs pueden leer un par de análisis sobre lo que trata su pensamiento sobre los fenómenos sociales contemporáneos y acerca de su última obra Terrorista.
Otra interesante entrevista concedida en 2003:
 
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